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Compañía Nacional de Danza

Era noche importante para José Carlos Martínez y su equipo de la Compañía Nacional de Danza. Por vez primera desde su llegada al ente público, hace cuatro años, se aventuraba con un ballet clásico completo. Llegaba el momento de cumplir con la promesa mayúscula del proyecto que presentó para hacerse con el cargo, que venía muy bien avalado por sus años de experiencia como estrella del Ballet de la Ópera de París.

No escogió un ballet cualquiera para asumir el reto. Don Quijote es el más español de los ballets rusos de Marius Petipa y el que mayor pasión despierta en nuestro país con su ambiente castellano, molino incluido, sus fandangos y toreros, pero es también uno de los más exigentes en cuanto a la técnica, requiriendo virtuosismo superlativo en los protagonistas y precisión de relojería en su cuerpo de baile. La aventura de Martínez no estaba exenta de riesgo. Los vientos no parecían favorables a la envergadura de la empresa. El presupuesto del que disponía no parecía el más adecuado, se dudaba de la capacidad de sus bailarines para asumir el reto y, aunque ya había sido coreógrafo de la superproducción Les enfants du Paradis para el Ballet de la Ópera de París, nunca se había enfrentado a uno de los totémicos ballets de Petipa.

Optó por la mesura y acertó. Su Quijote es modesto en todos los sentidos pero tremendamente eficaz. Ni fastuoso ni lujoso pero tampoco producción de segunda. No quiso dejar impresa su huella y prefirió darle paso a la tradición conocida (él, como estrella, bailó en París distintas y destacadas versiones) sin apenas alterar el contenido, el material coreográfico ni los aspectos visuales. Recortó los pasajes dancísticos más inútiles y “españolizó” los clichés españoles, sin desdeñarlos. Ajustó la coreografía a las posibilidades reales de sus bailarines y le imprimió un ritmo trepidante, que mantiene al espectador de lo más entretenido. Como estrella invitada para el estreno, Joaquín de Luz (en la foto), virtuoso, brilló con luz propia en el difícil rol de Basilio frente a una entregada YaeGee Park, estrella de la CND que no pudo igualar en vuelo (literalmente) y brillo a la estrella del New York City Ballet. Y es que, en general, el equipo masculino, curiosamente, estuvo mucho más ajustado, cohesionado y virtuoso que el femenino, por lo que destacaron especialmente los momentos corales de toreros y gitanos, y no tanto así las driadas espectrales del segundo acto, escena larga que adolecía de la precisión y perfección requeridas. No obstante, el conjunto en general lució espléndido y la cálida ovación del público recompensó los enormes y loables esfuerzos de la CND por volver a traer el clásico a la agrupación.

OMAR KHAN

Crédito foto: Jesús Vallinas

CND clásica: Don Quijote
Coreografía: José Carlos Martínez
Teatro de la Zarzuela (Madrid)
16 de diciembre de 2015

 

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