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El coreógrafo sueco y ex director del Cullberg Ballet Johan Inger nos presenta una Carmen tamizada por su estética nórdica que, sin evitar los esperados tópicos de la obra original, revisita la obra basada en la novela Carmen, de Prosper Mérimée, publicada por vez primera en 1845, con una mirada más sobria y atemporal. Centrando la historia en el personaje masculino de Don José, Inger plantea el conflicto de género desde las primeras entrevistas: “Carmen hace cosas cuestionables pero si fuese un hombre su comportamiento no sería escandaloso”, decía a esta revista.

Desde este punto el creador aligera la condena del personaje femenino y se centra en la violencia del hombre, planteando al espectador que quiera entrar en este plano, la observación de su propio posicionamiento frente a la evolución psicológica de ambos personajes.

La introducción de un niño como testigo de la historia abre un punto de vista más a la obra invitando al espectador a presenciarla desde una subrayada inocencia inicial que evoluciona durante el desarrollo del argumento. El personaje, que podría sustituir al de Micaela en la ópera de Bizet, sugiere una bondad primitiva ensuciada por la violencia presenciada, combinada con momentos felices en los que podría evocar al hijo nonato de Carmen y Don José.

No faltaron los volantes en el vestuario ni la presencia constante de Bizet, pero David Delfín y Marc Álvarez construyeron, desde el vestuario y el sonido respectivamente, un universo limpio y claramente empastado con la idea central del coreógrafo. El diseño del espacio escénico con una escenografía modular creada por Curt Allen Wilmer, neutraliza la conocida tabacalera, la plaza de toros y la taberna con espacios abstractos, sencillez de líneas y materiales ayudando a (des)localizar la historia y haciendo posible trasladar el planteamiento a otras geografías y otros tiempos.

La interpretación a cargo de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza es técnicamente impecable en ese lenguaje híbrido del coreógrafo sueco que oscila entre las líneas clásicas, las dinámicas a tierra y la marcada gestualidad heredada de coreógrafos con los que Inger se ha nutrido como Mats Ek, Ohad Naharin o Jiri Kylian.

Texto_MARTA BOTANA / Foto_JESÚS VALLINAS / SQ#54

Carmen
Coreografía: Johan Inger
Teatros de la Zarzuela (Madrid)
9 de abril de 2015

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