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Corazon Sangrante Madre

Está llena Madre de referencias cinematográficas. No alude precisamente a Magnolias de acero ni a películas exaltadas sobre la maternidad. Está más cerca del surrealismo de David Lynch, con esa máquina de café con vida propia en cuyo interior, además de cables, puede haber una cantante o un bebé muerto, y del cine más escalofriante de Roman Polanski: por supuesto, La semilla del diablo, espeluznante historia de maternidad diabólica, pero también proximidad a la paranoia de los enfermos protagonistas de Repulsión o El quimérico inquilino. La mirada hacia la figura de la madre es aquí más bien dura y metálica, nada edulcorada.

La primera escena es elocuente. Aparece un tanatorio con el cadáver de la madre tras el cristal. Pero respira. Escuchamos sus estertores y una luz roja indica sus exhalaciones pero aún así, el ataúd es cerrado y se la llevan. Lo que sigue es el duelo, la locura con apariencia de cordura y una sucesión de imágenes y situaciones inconexas que conducen a varias líneas narrativas todas inciertas: una pareja que ve crecer durante los años a su hija en una incubadora, una mujer que intenta robar el cuadro de un museo, sangrantes y danzantes enfermeras embarazadas, una mala madre, una Madonna que canta, el dibujo de un corazón que sangra, bebés que lloran, cochecitos iluminados que cruzan solos el escenario, puertas y escaleras que esconden misterios. Madres aterrorizadas ante su embarazo, padres que pierden a sus hijos, hijos que pierden a su madre… No hay una línea única ni una narrativa convencional pero Gabriela Carrizo se centra en la madre huyendo de los tópicos maternales y consigue crear todo un universo de sugerencias en su nueva creación, donde el espacio escénico, los trajes, la iluminación y muy espacialmente el sonido, crean un marco hiperrealista para albergar el más puro y maternal surrealismo. Los intérpretes, que son grandes actores, bailarines insólitos e inspirados cantantes de todas las edades y con distintas calidades de movimiento, aportan credibilidad y solidez a esta francamente perturbadora propuesta, donde la atmósfera inquietante juega un papel dramático fundamental. Un mundo extraño que trae un sello ya inconfundible, el de la agrupación Peeping Tom.
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