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XXIII Mes de Danza. Desmintiendo a los que creen que la danza contemporánea es muy seria y cejijunta, el Mes de Danza se ha presentado este año en clave de comedia. En la foto Alberto CortésYo antes era mejor • Foto:  Luis Castilla • Mes de Danza 2016.


Con lo saludable que es la risa, la danza contemporánea tiene tendencia cejijunta y predilección por los terremotos interiores. Pero no siempre. Y es que en tiempos de crisis parece de lo más lícito que los artistas se rían de sí mismos, de los otros, de ellos, de nosotros y con nosotros. Y si lo que se quiere es una prueba fehaciente, aquí está el XXIII Mes de Danza de Sevilla, que ya en su cénit esta semana, no ha parado de provocar sonrisas, risas y carcajadas con propuestas de lo más diversas e interesantes, que invitan a reír siempre con una reflexión de fondo. La del sevillano Alberto Cortés, en su propuesta de nuevo (y desternillante) flamenco, pasa por mirar con altas dosis de ironía esta profesión no siempre fácil que es la danza, en su delirante Yo antes era mejor, obra para dos músicos/narradores y dos bailaoras, que supone una reivindicación y también la exigencia de un poco de dignidad, desde un humor a veces hiriente en su crudeza. Los sueños de artista a lo grande de dos bailaoras (una de ellas quiere ser la jefa de Rocío Molina) y la realidad de lo que tienen que vivir en su día a día dominan un discurso hilarante, ingeniosamente montado, que encuentra razón de ser en su título. Ellas, a pesar de sus vidas duras, antes eran mejor. Pero es que ahora son artistas.

SRA POLAROISKA Lur Away p Luis Castilla Mes de Danza 2016
SRA POLAROISKA Lur Away • Foto Luis Castilla • Mes de Danza 2016

Sobre la profesión también ha hablado el ascendente creador catalán Pere Faura en su solo Sin baile no hay Paraíso, en el que hace un recorrido personal por las cuatro coreografías que marcaron su vida, cuatro obras que no tienen nada que ver la una con la otra, salvo por el hecho que de niño despertaron su emociones desde la tele, a veces grabadas en manoseadas cintas de VHS, que él repetía una y otra vez. En la oscuridad una voz en off ofrece cientos de definiciones de bailar, desde la obvia de mover el cuerpo al compás de la música hasta la de expresiones como “bailar los ojos” o “que me quiten lo bailao””. Y entonces ya a la luz, él, solo en escena nos revive a su manera, desde las posibilidades de su propio cuerpo, Cantando bajo la lluvia, La muerte del cisne, Fiebre del sábado noche y Phase, de Anna Teresa de Keersmaeker, las coreografías que quizá le empujaron a convertirse en bailarín. Es su versión personalísima de Gene Kelly, Travolta, Pavlova y la minimalista belga. Lleva los trajes de cada uno de ellos, puestos uno encima del otro, como queriendo decirnos que en el fondo, ellos todos siempre estarán consigo. Ternura, nostalgia y sobre todo humor son las herramientas de este emocionado unipersonal, que es a la vez confesión.

Y una confesión, mucho más íntima, también es Wakefield Poole, visiones y revisiones, insólito unipersonal de Celeste González (antes Mauricio), que vino desde Canarias para hacernos una comparativa muy ingeniosa y absolutamente delirante, que encuentra un imposible paralelismo entre la sublime belleza del pas de deux de El lago de los cisnes con el encuentro homosexual hardcore de los dos protagonistas de Boys in the sand, la primera película comercial del porno gay. Viviendo su propio proceso personal, Celeste González va vistiendo la camisa de terciopelo del Príncipe Sigfried y obscenamente desnudo de cintura para abajo, para ofrecer toda una conferencia sobre un personaje real, Wakefield Poole, bailarín virtuoso que pasó de estrella de Los Ballets Rusos a director de cine pornográfico, en una dramaturgia siempre trufada con sus propias vivencias y opiniones. Todo muy profundo y a la vez muy ligero. Probablemente, sea la noche más delirante de todo el Mes de Danza este año.

No menos raros, pero igualmente sugerentes y ubicados en otro estadio de la creación, quizá más cercano a la performance, el colectivo vasco Señora Polaroiska, ofreció en este contexto Lur Away, creación surrealista, divertida y muy participativa, que en su afán de ofrecernos instrucciones sobre cómo sobrevivir a improbables situaciones como el ataque de un oso o una repentina tormenta de nieve, nos hizo bailar, meternos a refugiarnos bajo las mesas (todo se celebra en una especie de salón de bodas con mesas de fiesta), ponernos bolsas en la cabeza y deambular ciegos por el especio, y soltar no una sino varias carajadas a lo largo de estos 45 minutos que son en sí mismos, el viaje a un universo extraño muy personal y descabellado.

LOS MONÞEKOS Amortal combat p Luis Castilla Mes de Danza 2016
LOS MONÞEKOS Amortal combat • Foto Luis Castilla • Mes de Danza 2016

También hubo muchas risas en la muy eficaz Amortal Combat, una propuesta de calle de los catalanes Los Moñekos, que con verdadero sentido del ritmo escenifican un disparatado combate a muerte, que termina dejando k.o. incluso al árbitro/narrador. Con claras referencias al mundo del circo, esta danza clown fresca y trepidante que se sostiene con el buen hacer de sus tres intérpretes, la lógica del absurdo y la estética de un dibujo animado, puso a delirar a los niños, pero también a los adultos.

Sin ser desternillante, Marta Camuffi desborda gracia en su curiosa Ballata per un ananás, un solo de calle, muy simple y muy bello, en el que la bailarina italiana transmutada en una suerte de Carmen Miranda posmoderna permanece todo el rato bailando, caminando e incluso patinando, con una piña en la cabeza. Eso es todo pero es muchísimo. La simplicidad del solo se magnífica con su personalidad y serenidad, su sentido del equilibrio (la piña no se le cae) y un humor entrañable y sutil que parece inherente a su persona.

Una vis cómica también tenía esa reinvención urbana del manoseado Bolero, de Ravel, reconvertido en un dueto muy enérgico y urbano por el creador madrileño Jesús Rubio Gamo, que llevó a la calle esta versión tan propia y original, que quita solemnidad y da un poco de humor y caña a una música mil reconvertida en ballet. Ha resultado pues muy gratificante reírse con la danza, que no es lo mismo que reírse de la danza. El Mes sevillano nos dio ejemplo.

OMAR KHAN 

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