Spanish Basque Catalan English French

siliconfree pina

Terminó el Holland Festival y a pesar de los estrenos de Stuart o Khan, se impuso la fascinación que todavía hoy ejerce Nelken, todo un clásico del siglo XX

Hay que admitir que, aunque ecléctica, la de 2016 fue una edición con pocas propuestas dancísticas pero coronada, eso sí, con la presentación de Nelken, un clásico de la desparecida coreógrafa alemana Pina Baush, que se alzó como uno de los momentos más fascinantes de toda la jornada. Muy disímiles, el resto de propuestas consiguieron de alguna manera describir el actual espíritu de la danza europea. Meg Stuart y su colectivo belga Damaged Goods, estrenó aquí Sketches/Notebook, un espectáculo multidisciplinar que muestra el asentado oficio de la creadora norteamericana, con momentos brillantes a nivel coreográfico, pero que no consigue mantenerse a lo largo de sus tres horas, luciendo a ratos como una serie de acciones fortuitas que deleitan a sus bailarines pero que no logran animar a un público que, en no pocas ocasiones, parecía desconectado de la propuesta. Por otro lado, el coreógrafo hindo-británico Akram Kham tuvo en Holanda la premier de Until the Lions, adaptación de la obra homónima del poeta Karthika Naïr. De factura impecable, destacó en la obra la bailarina china Ching-Ying Chien por su precisión y animalidad, en un espectáculo que prácticamente recae sobre sus hombros. No obstante, la propuesta luce conceptualmente naif, acercándose más a los modos del musical que a los de la danza, prevaleciendo la forma y los efectos por encima de las motivaciones conceptuales, con las que el coreógrafo pretendía abordar preocupaciones lícitas como el asunto del género pero quedándose muy alejado de tal objetivo. En este contexto, la fascinación vino de una obra estrenada en 1982. Nelken seduce incluso antes de comenzar, recibiendo al público con ese escenario cubierto de claveles, un diseño de Peter Pabst, usual colaborador de Pina Bausch, que se reivindica aquí como la artista visionaria que fue, aún cuando la pieza acusa una estética que no esconde su origen en los tempranos ochenta. Sin embargo, su poder de fascinación sigue intacto y su vigencia incuestionable, muy a tono con la realidad del momento. El colectivo alemán, hoy una mezcla de sus bailarines de siempre junto a sangre fresca, corroboró esta vigencia y vaticinó que Pina Bausch siempre estará de moda. La prueba es que, independientemente de su antigüedad, fue uno de los momentos más emocionados y poéticos de esta edición 2016 del reputado Holland Festival.

Texto_MARÍA INÉS VILLASMIL / SysyQ #60
www.mariavillasmil.com

Volver