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Poliana Lima

y el lado oscuro

De Brasil se trajo las vivencias que nutren su trabajo. El solo Hueco da fe de ello

Del pasado ni se escapa ni se huye. Esa es la lección de vida que, con dificultad, parece haber ido asimilando la joven bailarina y coreógrafa brasilera Poliana Lima, que físicamente se vino a Madrid en 2010 aunque emocionalmente, y a su pesar, hay una parte de su país que no le ha abandonado. Y no es necesariamente la mejor. “No tengo una buena relación con mi país”, confiesa. “Salí de allí quemada pero no puedo responder a mis preguntas vitales desvinculándome de aquello, de mi familia, de lo que he vivido. Es algo que no puedo negar y creo que más me vale aceptarlo. Son asuntos que inquietan pero al mismo tiempo son la materia de mi danza, contienen mis necesidades como artista, es lo que mueve mis placas tectónicas. Al final, la riqueza de una obra reside en que tenga la visión de un autor, una visión particular de la vida”.

Su catálogo coreográfico es aún corto pero en sus creaciones siempre aparece Brasil. No la festiva Río ni el Carnaval. Tampoco la samba. Es algo menos explícito. La violencia que respiraba Atávico, su primera creación de éxito, con la que ganó el Certamen Coreográfico de Madrid 2014, es ejemplar. El fantasma de la dictadura, la violencia y la dominación, la oscuridad en definitiva, eran señas de identidad de este trabajo extraño y sugerente. Y son las mismas que reaparecen ahora en su solo Hueco, que ha gestado en su residencia en el Centro de Danza Canal. “A los 20 años tuve una depresión y fui a terapia. Murieron mis abuelos y apareció en mí este conflicto sobre el sentido de la vida. Es una pregunta que tengo que entender y hago esfuerzos por responderla. No me puedo separar de ello. Ya me gustaría ser una artista que celebra la vida como hacía Bach, pero a él lo motivaba Dios. En Hueco creo que hay algo de esa búsqueda de una espiritualidad más genuina. Para mí la danza es un lugar de refugio y calma”.

Socióloga entregada a la danza, Poliana Lima ha recorrido un largo trayecto entrenándose y bailando para otros, una experiencia que más bien prefiere olvidar. Por lo pronto su compañía es ella y los colaboradores que llama para cada proyecto pero anhela crear obras para grupos grandes. Lo vivió recientemente cuando montó Las cosas se mueven pero no dicen nada para Laboratorio 180º, de Madrid, y le fascinó. Era una obra muy preocupada por lo formal, en la que los bailarines casi no se desplazaban por el espacio permaneciendo en un punto fijo. Le interesa la estructura, la forma y es lo que indaga siempre en sus propuestas aunque también sea fundamental el fondo, ese fondo oscuro que parece perseguirla. “Cuando escribí el proyecto de Hueco sentí que estaba afrontando el vértigo, al que relaciono con el vacío, algo muy personal. Y como suele ocurrirme apareció Brasil. La idea persiste, yo bailo el vértigo, pero también está la identidad, que debo reconocer es el gran tema en el que estoy inmersa”.

Hueco. 7 y 8 de octubre. Ciclo Abierto en Canal. Teatros del Canal (Madrid). www.polianalima.com

Texto_Omar Khan Foto_Juan Carlos Arévalo

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