Spanish Basque Catalan English French

susyq Reportajes cloudgate

Arrozales

La compañía de danza contemporánea más emblemática de Taiwán traerá Rice, su más reciente creación, a Madrid, Oviedo, Pamplona y Valladolid. Lin Hwai-Min, su fundador y director artístico, nos abre las puertas de su teatro, en Tamsui, y en primera persona, nos cuenta su aventura

Taiwán no es un país cualquiera. Y si escuchamos a China ni siquiera es un país puesto que desde hace décadas los chinos la consideran una especie de provincia rebelde y obligan al resto del planeta a no aceptarla como nación independiente sino como parte de su territorio. Pero precisamente porque esta bella isla que los portugueses bautizaron como Formosa (Hermosa) es un lugar políticamente complejo donde el pasado, el presente y el futuro aún no han encontrado su lugar. Y ocurren cosas excepcionales como Cloud Gate. ¿Cómo explicar, si no, que la compañía de danza contemporánea pionera de esta parte del mundo naciera en plena dictadura, en 1973, y rápidamente se convirtiera en uno de los símbolos culturales más populares de una isla que vivió bajo la ley marcial hasta 1987? Quizás ayudara que su fundador, Lin Hwai-Min (Xingang, 1947), fuera el hijo de un alto cargo político del gobierno del dictador Chiang Kai-Shek y su osadía, olvidar la tradición y dar un salto hacia la modernidad, fuera vista como el capricho de un niño privilegiado y rebelde al que se decidió no molestar. Al fin y al cabo la danza no parecía ser una amenaza política, por muy revolucionaria que pudiera parecer en el entonces conservador Taiwán. Y los mensajes bailados son ciertamente más ambiguos que los expresados con palabras. No obstante, más de una vez sus obras, entre ellas Legacy, (1978) sobre el desembarco chino en Taiwán en el siglo XVI o Portraits of families (1997) sobre la masacre de taiwaneses a manos de China en los años cuarenta, han tocado el corazón político del país pero su fundador insiste: “No me gusta editorializar con el arte. Cloud Gate es simplemente una ventana para asomarse a Taiwán. Vivir en mi país puede ser tan frustrante como estimulante. Te obliga a saber de política pero también he aprendido que la belleza del arte es el arma política más poderosa”.

Lin Hwai-Min, que hoy recibe a susyQ con una gran sonrisa, en chándal y silla de ruedas tras un aparatoso accidente, fue lo suficientemente visionario para entender que pese al aislamiento en el que entonces vivía su país, éste ya estaba listo para comprender y abrazar una nueva forma de expresión que este mes mostrará su artillería corporal en una gira española, que incluye Oviedo, Pamplona, Valladolid y Madrid, con su reciente creación Rice (Arroz), que tuvimos el privilegio de ver junto a él, en Taiwán, antes de entrevistarle.

Más de cuarenta años después del nacimiento de Cloud Gate Lin Hwai-Min puede presumir de ser uno de los pocos directores y coreógrafos del mundo con un teatro propio. Su sede, ubicada en el norte de Taiwán, en Tamsui, a pocos metros del fuerte de Santo Domingo, en el que dejaron su huella españoles, holandeses, portugueses, ingleses y japoneses, tiene poco de nostálgico. Al contrario, es un elegante edificio de arquitectura siglo XXI en tonos verdes y cristal que se mimetiza perfectamente con la frondosa vegetación de esta isla. Con vistas excepcionales a la desembocadura del río Tamsui descansa sobre un terreno público pero Cloud Gate tiene cedidos los derechos del edificio, diseñado expresamente para ellos, durante los próximos cincuenta años. “Ocurrió prácticamente sin quererlo. Nuestra anterior sede se incendió en 2008 y lo perdimos todo. De repente empezaron a llovernos donaciones, sin que ni siquiera las pidiéramos y entonces nos llegó esta propuesta para que nos instaláramos en Tamsui. Era algo que nunca nos habíamos planteado. Tener un espacio propio es un sueño, aunque da miedo mirar las facturas”. Lin Hwai-Min lo cuenta mientras nos enseña orgulloso el edificio: los espacios para que ensayen los 24 bailarines de Cloud Gate y los 20 de Cloud Gate 2, su compañía ‘junior’, sus oficinas, su teatro, con una pared de cristal que mete la naturaleza dentro del escenario, su cafetería, su espacio para la meditación… ¿Meditación? Sí, todos sus bailarines reciben formación en Qi Gong, meditación, ballet, danza moderna, artes marciales y hasta caligrafía china. ¿Por qué? “En la danza occidental clásica, en el ballet, se tiende a ir en contra de la gravedad. Pero en Asia los movimientos de las artes marciales son circulares y fluidos y tiran hacia el suelo. Por eso también la respiración es esencial y por tanto la meditación. La idea de que también aprendan caligrafía tiene relación con el movimiento, porque en la tradición china el artista también tiene que aprender a respirar para escribir y enfrentarse a la hoja en blanco. Es un trabajo de introspección, por eso nosotros no bailamos para el público, no es danza extrovertida sino introvertida y está relacionada con nuestras tradiciones”. Sin embargo, cuando se asiste a un espectáculo de Cloud Gate, si uno se olvida del atrezzo exótico y lo desnuda de todo detalle, lo que se encuentra es un montaje de corte esencialmente occidental, muy en sintonía con la modern dance norteamericana de Martha Graham. Lin Hwai-Min hace una pausa al escucharlo y sonríe. “No vivimos en la época de los emperadores. Somos bastardos multiculturales, pero cuidamos algunas tradiciones. Para tomar una taza de té se necesita tiempo. Nuestra forma y nuestro estilo es contemporáneo pero las raíces están en nuestra cultura local”.


Tierras de arroz

Esa mezcla de tradición y modernidad es lo que Rice trata de acentuar. La pieza nació tras su visita a uno de los arrozales más bellos de Taiwán, Chihshang, en el condado de Taidong, donde una nueva generación de agricultores está impulsando el cultivo orgánico tras décadas de utilización de fertilizantes químicos que arrasaron la tierra. “Me impresionó la belleza de aquel paisaje y decidí llevarme a los bailarines a la recogida del arroz. Es un trabajo durísimo, obliga a estar agachado muchas horas, cerca del suelo, hay que sufrir el sol, el viento, el agua y por último, al terminar, el fuego”. Rice es un viaje a través de los diferentes momentos por los que atraviesa este cereal con el que se alimenta toda Asia, desde su nacimiento en Soil (Tierra), la primera parte del espectáculo, con una marea de bailarinas cuyas respiraciones van adquiriendo protagonismo a medida que van entrando los bailarines en escena, hasta su polinización, el nacimiento del grano, el fuego con el que se da por terminada la cosecha y por último, el agua. En Pollen II, quizás la parte más bella e hipnótica de su montaje, una pareja desnuda baila en simbiosis absoluta sin apenas levantarse del suelo sobre la voz de María Callas entonando la Casta Diva, de la ópera Norma, y con el poético paisaje de los arrozales verdes proyectados sobre la inmensa pantalla que envuelve el escenario. El tiempo realmente parece haberse detenido mientras se asiste a esta danza tan seductora como sensual. En Fire (Fuego) inmensos palos de bambú sirven para marcar el ritmo y al mismo tiempo emular la lucha del arroz ante el avance del fuego. A menudo los bailarines se mueven a cámara lenta, como si realmente la fuerza de la gravedad les empujara hacia el suelo y les paralizara, como la planta del arroz parada frente al tiempo. “El arroz es sagrado. Hoy los niños piensan que crece en el supermercado pero para conseguirlo el hombre tiene que luchar. Por eso he querido rendirle este homenaje” explica este coreógrafo que se pagó su primera clase de ballet a los 14 años con el dinero que consiguió con su primer artículo de periódico.

En realidad la historia de Lin Hwai-Min puede considerarse bastante atípica dentro del mundo de la danza y sin duda, le sobran anécdotas jugosas. “Yo quería ser periodista pero empecé a escribir libros y a tener éxito y con 22 años ya era un escritor célebre en Taiwán”. Recibió una beca para ir a Estados Unidos y allí comenzó a empaparse de danza. “Durante mi estancia en Iowa pasé más tiempo en los estudios de los bailarines con los que compartí residencia que escribiendo. Y leía. Leía todo lo que caía en mis manos sobre danza contemporánea”. Confiesa que tampoco llegó a ver mucho “porque en esa época no existía youtube como ahora y no pude ir a ver muchos espectáculos” pero al regresar de Estados Unidos dio un giro radical a su carrera: buscó bailarines profesionales y comenzó a coreografiarlos. “Eran finales de los sesenta, en el mundo estaban pasando muchas cosas y a Taiwán nos llegaba el eco, pero todos teníamos hambre de novedad” recuerda. Comenzaron llevando la danza a pueblos pequeños y lugares remotos, algo que tras fundar oficialmente Cloud Gate en 1973, no han dejado de hacer. “Es una parte esencial de nuestro trabajo, que la danza viaje por Taiwán”. Lin Hwai-Min tiene ya setenta años y pese a “este incordio” de accidente que le tendrá incapacitado físicamente durante una temporada y que le impedirá venir a España esta vez, no piensa en retirarse. “Sólo lo haré cuando encuentre a alguien que pueda sustituirme”. Mientras, sigue pensando en ayudar a los que empiezan: por eso entre otras cosas Cloud Gate ha creado una beca para jóvenes coreógrafos taiwaneses con la que financiar sus ensayos. La idea conecta con otra de las anécdotas que nos contó antes de despedirse. “Nunca ví a Martha Graham hasta que vino a Taiwán en los años setenta. Antes de volver a Nueva York me dijo: ‘aquí hay mucho talento’ y cogió todo el dinero que le había sobrado de su viaje por la isla, que era un montón, y me lo dio. En cierto modo fue ella quien puso una de las primeras piedras que permitió que Cloud Gate comenzara a volar”.

Texto__BÁRBARA CELIS
@barbarellany

Cloud Gate. Rice.
Teatro Campoamor, de Oviedo (17 de mayo). Centro Baluarte, de Pamplona (20 de mayo). Teatro Calderón, de Valladolid (23 de mayo). Teatros del Canal, de Madrid (Del 26 al 28 de mayo).
www.cloudgate.org

Volver