Spanish Basque Catalan English French

susyq danza Anna Maleras

Cuando la danza era otra cosa

El Institut del Teatre de Barcelona ha editado Anna Maleras: Passió per la dansa, un libro justiciero de Jordi Fábrega que recoge el legado inmenso, no siempre recordado, de esta pionera de la danza contemporánea en el país

 

Texto_JORDI SORA Foto_PAU BARCELÓ

Se intuía un tiempo nuevo en 1967. Los primeros pasos eran importantes. Mirado desde el actual panorama puede parecer poco, pero Europa estaba muy cerca como para no dejarse llevar por el impulso: el modern jazz estaba de moda. Anna Maleras (Barcelona, 1940), una joven bailarina y formadora, junto a otros compañeros, hicieron un stage de verano en Cannes. Negociaron los bocadillos del descanso: los escasos recursos no iban a ser un problema. A partir de esta experiencia, por su estudio en el barrio de Sant Gervasi de Barcelona entró la danza moderna, como si de un huracán se tratara. En pleno tardofranquismo se inicia el salto de la clásica al contemporáneo.

Fue discípula de Joan Magriñà y bailaba en el Liceu. Aunque “nunca pensé que fuera suficientemente buena. Por eso y porque no cobrábamos, empecé a dar clases”, rememora. Es todavía hoy el alma de ese espacio, en su definitiva ubicación. Su energía y entusiasmo son desbordantes. Y aún cuando es su hija quien dirige el centro, sigue vinculada a él. Mientras charlamos del libro que Jordi Fàbrega le ha dedicado, Anna Maleras: Passió per la dansa, logra convencer una joven que ha telefoneado para que se acerque a probar una de las clases de clásica. “Es fundamental una buena técnica, como base sobre la que construir nuevos lenguajes. Y buenos conocimientos de música”, le dice. Este junio pasado se celebró el 50 aniversario de su escuela.

Irradia felicidad recordando que en una cena tenía enfrente a Maurice Béjart. En Sitges, un año antes de su primer verano francés, la compañía Merce Cunningham había actuado, aunque ella no pudo verla. La primera actuación de la Martha Graham Dance Company en Barcelona fue en 1986, en el Festival Grec, sesenta años después de su creación. “Todo llegaba con gran retraso, demasiado” se explica en el libro. “Me parecía que era importante intercalar estos datos históricos” nos cuenta Jordi Fàbrega, que es el actual director del Conservatorio de Danza del Institut del Teatre. “Permiten poner en valor la importancia del trabajo de Maleras en la difusión y aprendizaje de esos nuevos estilos aquí y es un reconocimiento a toda una generación.”

Con esa influencia fueron creciendo los nuevos referentes: Anna Griñó, Cesc Gelabert, Toni Jodar, Xènia Gumà... También actores, como Ferran Rañé. Ella siempre muy atenta a los chicos. “Ahora mismo tengo tres en el Estudi” y destaca a uno de ellos. “Mira, es éste” y enseña orgullosa una fotografía que tiene colgada en la entrada, junto con otros recuerdos y retales de periódicos. “Tiene una presencia innata.”

La buena conexión que Maleras tenía con Hermann Bonnín, cuando era director del Institut del Teatre, hizo posible un breve pero intenso paso de cuatro años por aquella institución (1970-74). “No hay ninguna intención, pero me parecería muy bien que este libro significara una cierta reparación” reflexiona Fàbrega, constatada la dificultad que supuso acomodar convenientemente aquellos nuevos aires con el Departamento de Clásica de la época. “Aunque al poco se abrió el de Contemporánea y me hicieron una buena oferta, acabé rechazándola”, confiesa Maleras. “Mi secretaria en el Estudi me lo hizo ver: ‘¿dónde vas a tener más libertad?’”.

La simbiosis es lo que más destaca de su trayectoria: la capacidad de absorber influencias de aquí y allá. Desde sus maestros en jazz dance (Lynn McMurray y Gerard Collins) hasta las recomendaciones que Walter Nicks le hacía para actualizar repertorio en sus clases: técnica Graham a cargo de Anne Mittelholzen o la Limón, cuando Giancarlo Bellini se instaló en Barcelona. “Ritmo, feeling y, sobretodo, una cosa que en la clásica no hay: isolation, el aislamiento de las diferentes partes del cuerpo”, se explica en el libro. “Nunca sentí que hubiera resistencias”, nos dice ahora sobre el asunto, “aunque es cierto que no todo el mundo quería seguir el ritmo.” Pero hay un apoyo que destaca por encima de cualquier otro: el ilustre Delfín Colomé (que fuera colaborador de susyQ hasta el momento de su muerte, en 2008). “Lo fue todo para mí”, dice desde el corazón. También hay mucha generosidad en el libro. “He ayudado a mucha gente porque antes lo hicieron conmigo”. Vive con pasión el recuerdo de todo aquello, pero también la cotidianidad del estudio.

La lectura de Anna Maleras: Passió per la dansa es una magnífica oportunidad para poner de relieve todo aquello. Tiene un tono amigable, fácil de entender, alejado de los rigores de la academia. Muy parecido a lo que se experimenta aquí y allá cuando explicas que lo estás leyendo. Amplias sonrisas, bonitos comentarios, muchas anécdotas. Hay una generación entera que sabe bien qué debe y a quién. El futuro podrá tomar buena nota de todo ello.

Anna Maleras: Passió per la dansa ha sido escrito por Jordi Fàbrega a partir de testimonios de coreógrafos, pedagogos, historiadores, amigos y colaboradores de Anna Maleras. Ha sido editado en catalán por el Insitut del Teatre de Barcelona. www.institutdelteatre.cat

Pie de foto:
Anna Maleras. Imagen de la artista captada trabajando en el Carrer Elisabets, de Barcelona, en 1972

Volver