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Alicia Alonso

Bailar por dentro

A sus 96 años la directora del Ballet Nacional de Cuba sigue lúcida y al frente de su agrupación, que ahora llega al Teatre Tívoli de Barcelona con su collage La magia de la danza

Tras su parada en Madrid, el Ballet Nacional de Cuba desembarca este 8 de junio en el Teatre Tivoli, en Barcelona, con La magia de la danza, un espectáculo constituido por fragmentos de siete de las más famosas piezas de su repertorio, entre las que se encuentran Giselle o Don Quijote, además de Sinfonía de Gottschalk, coreografía de su directora general, la legendaria Alicia Alonso (La Habana, 1920), la artista que ha dedicado toda su vida en cuerpo y alma a la danza. Considerada autora de lo que se ha llamado la Escuela Cubana de Ballet y etiquetada como una de las más relevantes intérpretes de Giselle, es una de las personalidades más relevantes de la Historia de la Danza, y a sus 96 años continúa al frente del Ballet Nacional de Cuba siguiendo una agenda cargada de viajes, actuaciones y ensayos. Ha perdido completamente la vista, pero dice coreografiar con la mente y aunque sus pies ya no se lo permitan, sigue bailando por dentro. Aún lúcida, con ella hemos hablado y esto nos ha dicho.

Fue verdaderamente la precursora de la danza clásica cubana y la creadora de un sistema de enseñanza. ¿Cómo fueron los primeros pasos para lograr sacar adelante la Escuela Nacional de Ballet de Cuba?
Es una larga historia en la que participaron muchas personas. (...) Estuve en el American Ballet Theatre desde su fundación, y allí logré encauzar mi carrera. Pero nunca olvidé mi país, ni me resigné a que para ser un bailarín de ballet, fuera necesario emigrar. En 1948, junto a Fernando Alonso, fuimos a Cuba y creamos la primera compañía profesional, que hoy es el Ballet Nacional de Cuba. Lo de la “escuela”, en cuanto a estilo y forma propia de enseñar y de bailar, es otra historia. Surgió de nuestra experiencia con diferentes escuelas (rusa, italiana, danesa, inglesa), y a la necesidad de encontrar una metodología que correspondiera a nuestras necesidades expresivas, nuestro físico y criterios estéticos. Y de allí, con el aporte nuestro y de algunos maestros, se formó lo que hoy es la escuela cubana de ballet, acorde a nuestra idiosincrasia. Lo primero de todo fue convencer, y echar por tierra prejuicios en relación con el ballet clásico y de los que pensaban que sólo podíamos triunfar en nuestros bailes folklóricos.

La Escuela Cubana de Ballet es hoy reconocida en todo el mundo. ¿Cree que es posible dominar sus matices si no se es cubano?
Creo que es eminentemente latina, con evidente afinidad para los latinoamericanos. Pero su metodología puede ser aprendida por muchos.

¿Qué significa para usted volver a España cada año?
Para mí, es un gran placer. Nos sentimos muy bien por acá, tenemos muchos amigos y un público entusiasta y respetuoso, que nos recibe con alegría y agradecimiento.

Por todos es conocido lo importante que es Giselle para usted, ¿por qué se ha identificado tanto con ella?
En realidad, desde que conocí el personaje, me conquistó. La pureza del estilo romántico de la obra, junto al conflicto dramático y el despliegue técnico, me parecieron muy oportunos para una bailarina que tuviera dominio de esos elementos. Es una obra maestra que ha trascendido las épocas.

¿Qué se siente al escuchar la música y no poder ver lo que ocurre en el escenario o en sus ensayos? ¿Sigue bailando por dentro?
Sigo y seguiré bailando. Percibo lo que está ocurriendo, es un instinto que me revela cosas, aunque no vea exactamente cada detalle.

¿De qué se trata coreografiar con la mente?
Empecé a hacerlo desde el comienzo de mi carrera. Puedo imaginar el escenario, componer mentalmente y dictar lo que siento y creo.

La polémica está servida cada vez que se habla de “la muerte del ballet puramente clásico” o del repertorio, ¿cree que será necesaria la transformación hacia un ámbito más contemporáneo para que perdure?
Creo que el ballet clásico es un patrimonio cultural de la humanidad, que tiene todas las razones para existir, por encima de las épocas. Nadie plantea que Bach o Beethoven, deben ser transformados para perdurar, o que es necesario modificar la pintura del Renacimiento. Pero eso sí, es necesario que el clásico se lleve a escena bien realizado, con respeto y cultura. Su debilidad no está, en todo caso, en la obra misma, sino en los que la realizan de una manera deficiente.

¿Qué es lo que más ama Alicia Alonso después de la danza?
A mi país, al lugar donde nací, sus tradiciones éticas y su cultura.

¿Qué ocurrirá con el Ballet Nacional de Cuba cuando usted ya no esté? ¿Hay un sucesor?
Creo que el Ballet Nacional de Cuba tiene bases sólidas, la “escuela cubana de ballet” es dinámica y vital, y hay muchas personas con capacidad y fuerza para defender todo lo que significa. Las posibilidades son muchas, y no hay que apresurarse encerrándolas en un nombre.

Texto_PATRICIA LAJARA

Ballet Nacional de Cuba. La magia de la danza. Teatre Tívoli de Barcelona. Del 8 al 18 de junio

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